El milagro del rascacielos de la Calle 66
¿Qué posibilidades de sobrevivir tendrías si te precipitas desde el piso 47, a más de 150 metros de altura?
Trabajando en las alturas
El 7 de diciembre de 2007 Alcides Moreno y su hermano Edgar, limpiadores de ventanas, desde una plataforma, se afanaban en dejar limpios los cristales del Slow Tower, un rascacielos de lujo en Manhattan, Nueva York. En cuestión de segundos se desató la tragedia. Un ruido aterrador indicaba que los anclajes de la plataforma de aluminio desde la que trabajaban comenzaban a soltarse. Al instante la plataforma se desplomó desde 150 metros de altura.
La física de lo imposible
Tras 7 largos segundos, a casi 200 kilómetros por hora, la plataforma acabó estrellándose contra el suelo. Edgar falleció en el acto. A Alcides, sin embargo, lo encontraban con vida. Estaba sentado, aferrado a los controles de metal, en el amasijo de hierros que una vez había sido su plataforma de trabajo.
Nadie podría haber sobrevivido a un impacto semejante. La desaceleración súbita hace que los órganos internos se estrellen contra las paredes de las cavidades corporales y estallen. El cerebro sufre lo que se conoce como un cizallamiento axonal difuso, una especie de latigazo que lo desconecta. El cuerpo queda licuado internamente. Sin embargo, contra todo pronóstico, Alcides aún seguía con vida
¿En qué estado quedó Alcides?
El limpiador aún respiraba, pero presentaba un parte de lesiones tan escalofriante que según los médicos, debería haber sido incompatible con la vida. Tenía los fémures y los brazos partidos, y la columna vertebral rota en varios niveles. Sus pulmones estaban perforados, su abdomen sangraba internamente con gran profusión y presentaba un desmembramiento óseo masivo. Sin embargo, su cerebro no había sufrido ningún trauma severo. No había inflamación ni daño en el cortex. Hoy la ciencia no tiene explicación para ello.
Según el Dr. Philip Barie, director del equipo de trauma del Hospital Presbiteriano de Nueva York, “Era un caso de muerte inminente. Teníamos a un hombre cuyos órganos internos habían sido golpeados con una fuerza de toneladas. No debería estar vivo. No debería estar consciente. Pero él estaba luchando”
Fue sometido a 9 cirugías mayores, recibió cantidades ingentes de sangre. Su estado, durante semanas, fue crítico, permaneciendo en un coma del que parecía que nunca despertaría. En aquellas fechas el mundo se hacía eco de su dramática situación y esperaba un desenlace fatal. Su esposa, desesperada, había iniciado una cadena de oración que traspasó fronteras.
La vuelta a la consciencia
El día de Navidad, el 25 de Diciembre de 2007, Alcides abría los ojos. Al poco ya hablaba con una coherencia asombrosa. No tenía amnesia, no tenía lagunas, su personalidad no había cambiado. Con el tiempo volvía a caminar por su propio pie. El Dr. Barie manifestaba en aquel momento “No hay explicación médica para que este hombre esté hablando con nosotros. Si esto no es un milagro, nada lo es” Alcides, por su parte, declaraba que durante su caída no sintió pánico, sintió una paz sobrenatural, como si hubiese sido sostenido por algo que no era el viento”
Posibles explicaciones
El caso de Alcides se entiende desde la ciencia como un caso de excepcional de supervivencia estadística. Tenía una posibilidad entre 10 millones de sobrevivir. Y sucedió. Se argumenta que la plataforma de metal, al deformarse, actúo como una especie de amortiguador. Al caer sentado, la fuerza del impacto pudo distribuirse de forma más equilibrada, afectando más a los huesos grandes y densos que a los pequeños.
Lo que la ciencia no puede explicar
Aún actuando los huesos como armadura, los órganos blandos están sujetos por tejidos conectivos, que debieron quedar colapsados por la inercia y la desaceleración repentina. Ninguno se desgarró. Sus órganos permanecieron en su lugar en el momento del choque. Por otro lado, el cerebro debió haberse licuado por impacto contra las paredes del cráneo. No solo no sufrió ningún trauma, si no que su capacidad cognitiva quedó completamente intacta. Finalmente, la pérdida de sangre tan masiva debió haberle provocado un colapso irreversible en pocos minutos. El caso se enmarca fuera de los parámetros de la biología humana.