El soldado que no debía estar allí
1953. Un soldado ataviado con un uniforme extraño aparece en Ciudad de México. Los sucesos que comienza a narrar están sucediendo a miles de kilometros de allí.
Gil Pérez se encuentra desorientado. No sabe que hace en mitad de la Plaza Mayor de Ciudad de México. Los que le observan advierten algo extraño. Su uniforme no es de las tropas locales. Lleva un mosquete que identifican como parte de la soldadesca de Filipinas. Afirma que hace solo un momento se encontraba en el Palacio del Gobernador de Manila, haciendo una guardia.
Se le detiene de inmediato, sospechando que puede ser un desertor y se le somete a interrogatorio. Gil aparece conmocionado. Dice que minutos antes acaba de apoyar su espalda en una pared de la Ciudad de Manila, sin saber cómo ha aparecido allí.
Narra que el Gobernador de Filipinas acaba de ser asesinado bajo un complot de sus remeros chinos. A pesar de no darle credibilidad a su relato, su atuendo genera confusión. La inquisición le encierra en la cárcel de Santo Domingo acusado de ser un emisario del demonio, mientras muchos otros le tienen por un desertor con grandes dotes imaginativas.
La verificación
La distancia que decía haber recorrido en un día era insalvable. Llegar a México desde las Filipinas llevaría un trayecto de entre 4 y 6 meses a través de una penosa travesía por el Océano Pacífico. Sin embargo, dos meses después, una noticia conmociona a la colonia.
Un galeón llega a Acapulco procedente de Filipinas. Trae noticias oficiales. Comunica que el gobernador de Filipinas ha sido asesinado el 23 de Octubre, el mismo día que Gil Pérez aparece en Ciudad de México. ¿Cómo podía haberlo sabido?
Un pasajero del barco entra en shock al ver al soldado prisionero. Jura bajo fe de bautismo que le conoce, y que le había visto en Filipinas el mismo día del asesinato.
El destino de Gil Pérez
El gobierno de México y la propia iglesia admitieron que aquel suceso no tenía explicación. Finalmente devolvieron al soldado a su destino inicial, sin encontrar explicación de como pudo llegar a allí, ni como pudo conocer todo lo que sucedía el mismo día a miles de kilometros de distancia.
Posibles explicaciones
Los registros y documentos oficiales que podrían haber documentado el caso se perdierion con el tiempo, y la prueba constatable es una crónica de Gaspar de San Agustín ("Conquistas de las Islas Philipinas") escrita casi un siglo después. Es probable que se mezclara un suceso de un soldado con un brote psicótico con cierta dosis de leyenda urbana para construir el relato, que se fue deformando y ensanchando con el tiempo.
Lo que la ciencia no puede explicar
La historia es citada con lujo de detalles por cronistas de la talla de Gaspar de San Agustín y Luis Gonzalez Obregón, bebiendo de fuentes escritas que pese a estar ya desparecidas, eran registross oficiales. Todos los cronistas admiten que en Ciudad de México sucedió un caso que desafíaba la razón y la lógica.