La escalera de Santa Fe
En una iglesia de Santa Fé, en Estados Unidos, existe una escalera que desafía las leyes de la física. Construida por un solo hombre, que desapareció poco después de finalizar su obra, nadie explica como se manitiene.
El problema de la Capilla de Loreto
1878, Ciudad de Santa Fe, Nuevo México. Estados Unidos. La Capilla de Loreto, tras 3 años de construcción parece por fin terminada. Sin embargo, las hermanas se dan cuenta de un error de arquitectura importante. No existe escalera para subir al coro.
Las hermanas rezan una novena a San José pidiendo una solución. El décimo día aparece un hombre de aspecto canoso que llega al convento montado en un burro, solo ataviado con una rudimentaria caja de herramientas. Se ofrece a trabajar para las hermanas y encontrar una solución a cambio de tener privacidad total.
Se cierran las puertas. Durante meses solo se escucha el sonido del martillo. Y completo silencio después. Sin ayudantes, sin planos, sin materiales, sin que nadie le viese acarrear madera hasta el lugar.
Una escalera imposible
Lo que encuentran las hermanas cuando finalmente se abre la puerta, 6 meses después, las deja sin palabras. Una escalera de caracol de doble hélice con 33 peldaños (la edad de la muerte y resurrección de Cristo). No hay eje central que sostenga le peso, no hay clavos, no hay anclajes a la pared. La estructura es completamente autoportante, ensamblada con clavijas de madera con precisión quirúrgica.
El hombre no cobra el trabajo. Para su sorpresa, cuando las hermanas se disponen a pagarle, desaparece sin dejar rastro. Al tratar de localizarle, nadie sabe quién es, nadie le había visto jamás.
Cuando años después se analiza la madera, se descubre que procede de un abeto de fibra muy densa que solo existe en un lugar del suroeste de Estados Unidos. ¿Cómo pudo traer de tan larga distancia, solo con un burro, tal cantidad de madera, sin que nadie siquiera le hubiese visto?
La construcción de este hito de la ingeniería, con giros de 360º grados, requeriría cálculos matemáticos avanzados, imposibles para alguien que trabajó solo “de cabeza”, ajustando la torsión de la madera de forma intuitiva. Además, al ser una madera tan densa, doblarla y conservar su forma helicoidal requiere de un proceso de vaporizado y presión que precisa medios que el carpintero no podía haber tenido.
Una estructura así, sin eje central, entraría en resonancia al soportar el peso de varias personas. Sin embargo, la escalera demuestra una estabilidad estructural imposible. Carece de anclajes a la pared, se sostiene solo por la base y el punto de llegada. Es como un muelle apoyado en sus extremos.
La escalera desafía las leyes de la física. No debería permanecer en pie, pero durante 150 años ha resistido el paso del tiempo y el peso de miles de personas. Al acceder a ella se siente un ligero balanceo debido a la elasticidad de la estructura, hecho que la debería haber hecho colapsar.
Posibles explicaciones
Investigaciones relativamente recientes atribuyen la obra a François-Jean Rochas, maestro carpintero francés que dominó las técnicas de doble hélice por aquella época. Habría construido un radio interno tan cerrado que los largueros de madera harían las veces de columna de compresión. La estabilidad de la escalera durante tantas décadas se podría explicar por el añadido posterior de una barandilla, que fue añadida una década después.
Lo que la ciencia no puede explicar
No hay testigos que aseguren ver trabajar a Rochas en la zona. Aunque era un hombre tosco, su anonimato voluntario ante una de las mayores proezas de la ingeniería de la época carecería de sentido, renunciando al prestigio y aún más inexplicable, a cobrar por algo que tanto trabajo le habría llevado. Tampoco hay constancia del extremadamente complejo proceso de curvado de la madera. Además, transportar tal cantidad de material desde tan lejos hubiese necesitado un convoy logístico del que nadie fue testigo. Su obra, décadas después, aparece intacta. Las clavijas no se han desgastado, la vibración no ha erosionado ninguna parte de su estructura.