La profecía de Kibeho
En 1982, tres jóvenes ruandesas tienen visiones aterradoras. 12 años después, los sucesos profetizados tienen lugar con absoluta precisión.
Estamos en Kibeho, Ruanda. 1981. Alphonsie Mumureke, de 16 años, entra en trance en el comedor del colegio de secundaria de la localidad. Manifiesta ver a una mujer tan hermosa “que no se podía describir con palaras humanas”. Dos meses después, Anathalie Mukamazimpaka, de 17 años, de carácter reservado, en el mismo colegio, empieza a experimentar una experiencia similar. En Marzo de 1982, Marie Claire Mikangando, de 21 años, que se ha mantenido completamente escéptica hasta ese momento, entra también en trance, manifestando la misma experiencia.
No existe relación previa entre las tres chicas hasta el momento de las apariciones. Todas son estudiantes de una zona remota y rural de Ruanda, sin formación política y sin apenas acceso a la información global.
Un éxtasis profundo
Las visiones, que tienen lugar al principio en lugares dispares, como el colegio, o la iglesia, y que luego se manifiestan en espacios preestablecidos ante miles de testigos, surgen de forma repentina, a menudo en mitad de una conversación o una actividad normal. El cuerpo de las chicas se vuelve rígido y sus rostros se iluminan con una expresión de éxtasis. Al final, la expresión sería de terror absoluto.
Durante el éxtasis el cuerpo de las chicas no reacciona a ningún estímulo externo. Se realizan pruebas de gran crudeza para comprobar la autenticidad. Médicos y testigos les pinchan con agujas, les queman la piel con velas, o les aplican descargas eléctricas. Las videntes no reaccionan. Ni siquiera parpadean. Sus ojos permanecen fijos en un punto invisible. En ocasiones, cuando las profecías se vuelven monstruosas, caen al suelo con violencia, como si fuesen golpeadas por una fuerza invisible. Durante el trance la voz de las chicas se transforma. Ellas preguntan y ellas mismas responden
Un mensaje aterrador
El mensaje que les transmite la Madre del Verbo es, al principio, un mensaje de fé y de conversión. Es una crítica a la oración externa e insta a orar sin hipocresía y con el corazón puro. Habla de humildad, de obediencia y pureza. Pero todo se transforma muy pronto.
A partir de Marzo de 1982, coincidiendo con la primera visión de la escéptica, el mensaje empieza a tener tintes proféticos. Afirman que la Virgen ya no aparece sonriente. El 19 de agosto, en una visión colectiva pública que dura 8 horas, lo que las chicas describen entre lágrimas, es de un horror que sería inimaginable hasta 12 años después.
Ven un río de sangre lleno de cadáveres. Ven montañas de cuerpos decapitados y gente matándose entre sí con una violencia extrema. En aquel año Ruanda es un país pacífico. Existen algunas tensiones históricas entre grupos étnicos, pero la idea de una guerra civil es descabellada.
Las visiones se siguen produciendo, con menor frecuencia, hasta 1989. El mensaje se centra en la reparación espiritual para un gran sufrimiento.
El cumplimiento de la profecía
En 1994, 12 años después de la profecía, el avión del presidente de Ruanda es derribado. Es el comienzo de un genocidio que acabaría con la vida de 800.000 personas, principalmente tutsis, a manos de sus vecinos hutus. Los asesinatos tienen lugar con una violencia extrema. Decenas de miles mueren a machetazos, muchos de ellos decapitados. El Rio Akagera se tiñe literalmente de rojo. Miles de cuerpos flotan hacia el lago Victoria. Montaña de cuerpo aparecen en escuelas e iglesias. Se cumple de forma exacta lo que habían profetizado las videntes. Marie Claire es una de las víctimas del genocidio.
En Junio de 2001, tras años de investigación a cargo de comisiones médicas y teológicas, se reconoce por parte de la iglesia la autenticidad de las apariciones. Hoy, en el lugar construido por la población local para hacer pública las apariciones, se levanta el Santuario de Nuestra Señora de Kibeho, convertido en un importante lugar de peregrinación.
Posibles explicaciones
Se habla de una especie de histeria colectiva que suele manifestarse a veces en casos de apariciones grupales, sugestión provocada por una ferviente fe religiosa. En este estado, y a través de indicios latentes en la sociedad ruandesa, se podría haber anticipado lo que estaba a punto de ocurrir. Para interpretar la falta de sensibilidad de las videntes en estado de trance se habla de un tipo de epilepsia que causa alucinaciones visuales y auditivas.
Lo que la ciencia no puede explicar
La transmisión de datos precisos y fácticos hacen que el acierto probabilístico fuese altamente descabellado. En aquel momento no existía ningún indicio de que algo así, de esa monstruosidad, pudiese suceder. Por otro lado, en determinados momentos, además, se realizaron encefalogramas a las chicas en el momento del éxtasis, que descartaban actividad eléctrica anormal. Finalmente, el fenómeno de la insensibilidad completa a ataques físicos son prácticamente imposibles de fingir, salvo en casos de entrenamiento extremo