Las casquillos de la Iglesia de San Pascual
Milicianos republicanos saquean la iglesia y disparan a quemarropa contra las imagenes del templo. Ninguna de las balas consigue impactar contra el objetivo. Caen al suelo completamente deformadas.
- Villareal. Acaba de estallar la Guerra Civil. En la barbarie inicial, un grupo de milicianos republicanos irrumpe en la Iglesia de San Pascual, dispuestos a acribillar las imágenes sagradas del templo. Allí se encuentra también el cuerpo incorrupto de San Pascual Baylon dentro de una urna de cristal, a la que también deciden disparar.
Se encuentran a apenas 3 metros de las tallas. Portan fusiles Muser, con capacidad para atravesar muros de ladrillo. Las balas son de 7x57 y salen disparadas a 700 metros por segundo. A esa distancia, cualquier objeto debería haber quedado prácticamente desintegrado.
Al comienzo de la guerra la barbarie contra el patrimonio artístico y religioso se extendía por España.
El muro invisible
Tras comenzar la ráfaga, los testigos aprecian como las balas no son capaces de tocar la madera o atravesar el cristal. En lugar de eso, pierden toda su energía cinética y caen al suelo aplastadas, como si hubiesen chocado contra un muro invisible. Varios disparos después, las imágenes permanecen intactas.
Un miliciano, apodado “El Chato”, tras vaciar todo su cargador, arroja el fusil al suelo y abandona el templo completamente conmocionado. Tiempo después, al igual que otros miembros del pelotón, narraría lo sucedido. Los que permanecen en el lugar, que también han vaciado por completo sus cargadores, ante la imposibilidad destruir las imágenes con sus Muser, hace una pila con los bancos de la iglesia y les prenden fuego. Esta vez sí, el fuego consume las tallas y los restos de San Pascual Baylon.
Estado original de la urna con los restos de San Pascual Baylon
Tras la barbarie
Tras el incendio, se recupera buena parte de la munición empleada, que aparece completamente chafada en la punta, como si hubiesen impactado con un objeto de enorme dureza. Los fragmentos quedan en custodia durante años. La desidia, el paso del tiempo y el expolio (muchas están en manos privadas) hacen que solo unas pocas sean hoy accesibles.
Los milicianos, tras su infructuoso fusilamiento, sacaron el cuerpo de San Pascual Baylon y lo arrojaron a las llamas. Se consigue recuperar sus huesos calcinados, que hoy todavía se conservan.
Posibles explicaciones
Hablamos de un suceso que navega entre la realidad y la tradición. Sucede en un momento de gran conmoción. No hay registros fiables. Los testigos cuentan lo que ven muchos años después. Sin embargo, no hay un procedimiento científico ni un estudio riguroso que constate lo acaecido. Tan solo las balas acreditan lo que allí pasó, pero no quedan restos de las imágenes que lo corroboren. Se une a la incertidumbre la tendencia a magnificar los hechos por parte del Régimen, ávido a crear leyendas. Pudieran haberse aprovechado un relato de mala puntería para crear un relato inventado que reforzase la fe.
Lo que la ciencia no puede explicar
Durante años pudo verse el estado de la munición, roma en la punta, como si hubiese impactado con un objeto de extraordinaria dureza. Ni el cristal ni la madera presentan tales características. Al testimonio de las balas se unen las declaraciones de los testigos, muchos de los cuales participaron en el fusilamiento, declararon años después (muchos en secreto de confesión, otros en actos de contrición) lo sucedido aquel día. Su testimonio es corroborado por personas que estuvieron en las inmediaciones, y pudieron constatar su frustración y hasta el terror que algunos experimentaron. Integrantes del escuadrón colaboraron voluntariamente en la reconstrucción del templo