Las lágrimas de Akita

En Akita (Japón), en 1973, una talla de madera de una virgen comenzó a manar sangre y lágrimas reales.

Sin embargo, el fenómeno comienza a manifestarse en la hermana Inés Katsuko Sasagawa, una mujer que, tras toda una vida con problemas de salud y después de una operación que le hace perder por completo la audición, ingresa como monja en las Siervas de la Eucaristía de Yazawadai, una zona remota de Japón.

La hermana, poco después de su ingreso, comienza experimentar estados de meditación profunda. Según manifesta, unos rayos de luz brillante emanan del Sagrario y la sumergen en prolongados y profundos estados de trance.

Un día, mientras ora, siente como si un clavo le atravesase la mano. Al mirar, se da cuenta que tiene una herida en forma de cruz que sangra profusamente, con un dolor tan extremo que durante los siguientes días apenas puede conciliar el sueño.

La imagen de la Virgen de Akita

Pocos días después, el 6 de Julio de 1973 en una capilla, un pequeña estatua de la Virgen María de apenas un metro, realizada por un escultor budista en madera de cerezo japonés, manifiesta la misma herida en la mano que tenía la hermana Inés. De la herida también mana sangre. Las hermanas la limpian con algodones, pero esta sigue brotando durante días. La sangre es analizada por científicos de la Universidad de Akita, demostrando que es sangre humana real.

A finales de Septiembre de 1973, la figura deja de manar sangre. En su lugar, empieza a sudar. Aparece empapada en un fluido transparente cuyo aroma, que recuerda rosas y a lirios, es percibido incluso fuera del convento.

El 4 de Enero de 1975 la estatua comienza a llorar. El fenómeno, que se reproduce 101 veces, hasta 1981, es documentado por periodistas de la época y presenciado in situ por cientos de testigos. El Instituto de Medicina Legal, dirigido por el Dr. Sagisaka, que no profesa la religión cristiana, certifica que el fluido es líquido lacrimal humano.

El milagro de Agnes

La Hermana Inés, que nueve años atrás recibió una promesa que escuchó mientras se encontraba en estado de trance: “recuperarás la audición”, recupera, en 1981, de forma repentina y completa la audición durante la bendición del Santísimo Sacramento. No hay explicación entre los médicos que certificaban su sordera años antes y que ahora, desconcertados, certifican su curación total.

Tras varios años de informes, estudios y testimonios, el obispo de la diócesis, en 1984, reconoce que los fenómenos tienen naturaleza sobrenatural. Años después, el Cardenal Ratzinger (futuro Benedicto XVI) reconoce la autenticidad del suceso.

Posibles explicaciones

Se considera la posibilidad de un fraude, involuntario o no. La madera de cerezo podría haber absorbido humedad y haberla liberado gradualmente. Los tintes y barnices podrían haber conferido una textura y una coloración específica. Las hermanas, de forma consciente o no, podrían haber contaminado las muestras. Debemos ser conscientes que la custodia de las mismas y las técnicas de análisis empleadas podrían no ser lo suficientemente rigurosas.

Lo que la ciencia no puede explicar

El fenómeno fue presenciado en vivo por cientos de personas. Existen, además, registros efectuados por la televisión de Tokio en el que la imagen, grabada de forma fortuita, comienza a llorar. Por otro lado, se realizaron pruebas radiológicas a la imagen para encontrar conductos que podrían haber sido empleados para la evacuación de los fluidos. Se descarto la existencia de conductos o mecanismos. La imagen era completamente solida. Finalmente, los estudios, llevados a cabo por refutados científicos, concluyeron que los líquidos exudados por la imagen tenían naturaleza humana, descartándose la posibilidad de ser simple humedad o productos del tratamiento de la imagen.

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