LAS LUCES DE HESSALDEN
Durante décadas, en el valle de Hessalden, en Noruega, se viene produciendo un fenómeno lumínico persistente que, a pesar de ser ampliamente estudiado, sigue sin tener respuesta.
Estamos en el Valle de Hessdalen, Noruega. Sus escasos habitantes comienzan a reportar, desde 1940, la aparición de luces blancas y amarillas que parecen flotar sobre la nieve. Se trata de una región remota y aislada. Son fenómenos esporádicos que penas despiertan interés, ni se les da credibilidad necesaria.
Es a partir de 1980 cuando el fenómeno se agudiza, reportándose hasta 20 avistamientos por semana. Es entonces cuando el fenómeno despierta interés científico, se prodiga en la prensa y atrae numerosos curiosos que observan con sus propios ojos algo que parece no tener explicación.
Se trata de esferas blancas o amarillas, que mutan a colores intensos, como el rojo o el azul, y que describen trayectorias no lineales. A veces permanecen inmóviles. Otras alcanza velocidades imposibles. En ocasiones se dividen, otras se fusionan. Son luces tan potentes que a veces iluminan todo el valle.
Primeros estudios científicos
En 1983 comienzan a acudir científicos, que instalan campamentos con equipos técnicos de medición. En las siguientes décadas se establecen equipos de monitorización permanente. Equipos de múltiples nacionalidades acuden al valle dispuestos a desentrañar el misterio, sin haberlo conseguido hasta la fecha.
Los radares detectan masas físicas cuando las luces se hacen presentes. No es, por tanto, un efecto visual. Se trata de una concentración de energía de gran densidad que nadie sabe explicar cómo se produce
Un punto inusual en la investigación sucede cuando las luces comienzan a reaccionar con los haces de laser que proyectan los investigadores. Al recibirlo, las luces cambian la frecuencia de parpadeo, volviendo de nuevo a su estado inicial cuando deja de proyectarse.
En un análisis a través de redes de difracción se constata que se trata de un objeto solido (o gaseoso de elevadísima presión) que no emite calor, algo extraño, puesto que una cantidad de luz tan intensa debería dejar rastro térmico a su alrededor.
Al contrario de otros fenómenos, en los que los fenómenos visibles no son recogidos por los aparatos de medición, aquí se da muchas veces el efecto contrario. Los equipos detectan objetos moviéndose a velocidades de hasta 30.000 km/h, sin que los observadores lleguen a percibir nada.
En todo caso, el fenómeno viola la segunda ley de la termodinámica: una concentración de energía durante horas sin fuente de combustible aparente. Hasta la fecha, ninguna hipótesis parece explicar por completo el fenómeno lumínico.
Posibles explicaciones
La presencia de minerales como sulfuros, hierro, zinc, cobre o cuarzo, unido a condiciones atmosféricas como alta humedad, niebla frecuente o variaciones térmicas, podría crear actividad electromagnética que ioniza la atmosfera, creando un plasma atmosférico luminoso, estabilizado por campos electromagnéticos. Otra hipótesis apunta a cargas eléctricas generadas por minerales de cuarzo bajo presión, que ionizan el aire a través de microfracturas geológicas.
Lo que la ciencia no puede explicar
Los plasmas son efímeros, suelen durar muy poco tiempo, y no tienen una forma estable. Ninguna de las hipótesis explica en conjunto la duración, la intensidad y el movimiento errático de las luces. Tampoco la interacción con haces de luz proyectados. De momento, a pesar del número y rigor científico de los experimentos que han sido realizados, el fenómeno sigue careciendo de explicación científica.