Lo extraño de la tilma de Guadalupe
Una imagen impresa en una tilma en 1531 lleva siglos desconcertando y desafiando las leyes de la lógica.
Diciembre de 1531. En el Cerro de Tepeya, al norte de lo que hoy es Ciudad de México, Juan Diego, un indígena del lugar, afirma presenciar la aparición de la Virgen María. Esta, según Juan Diego, le encarga la construcción de un templo en el cerro. Al negarse Juan de Zumárraga, obispo de la comarca, y pedirle una señal milagrosa para erigirlo, Juan Diego, siguiendo las instrucciones de la Virgen, recoge rosas y las envuelve en su tilma o ayate (una especie de manto que solían llevar los indígenas de la zona)
Al desenvolver el manto en presencia del obispo, y ante su asombro, la imagen de la Virgen aparece impresa en el ayate.
La perdurabilidad de la tela
Lo que primer llamó la atención fue la extraordinaria durabilidad del material. La tilma estaba constituida por tejidos vegetales que suelen degradarse en solo unos pocos años. Pasaban décadas y el tejido seguía intacto. Se llegó incluso a verter, en 1785, acido nítrico de forma accidental sobre ella. No solo no agujereó la tela, como hubiese sido previsible, si no que la tela se “autoreparó” por si sola, desapareciendo casi por completo la mancha en muy poco tiempo.
En 1921 un activista colocó una bomba a los pies del altar. Pese a la terrible destrucción que provocó en todos los elementos adyacentes, la tilma y el cristal que cubría la reliquia quedaron completamente intactos.
Lo que descubrieron los análisis científicos
Lo más sorprendente vendría después, a través de estudios científicos que arrojaron aún más confusión. Según Serna Callahan (1979) en la imagen no hay bocetos previos, ni marcas de pinceladas. No hay imprimación . El color flota” sobre la fibra. Richard Kuhn, Premio Nobel de Química subrayó que no existían colorantes minerales, animales o sintéticos en la pintura.
Posteriormente, a través de estudios realizados por expertos en procesamiento digital, se descubrieron en los ojos de la imagen unas figuras y unas escenas microscópicas, tan reducidas que serían imposibles de realizar por el ser humano de aquella época.
Algunos estudios sugieren que la disposición de las estrellas del manto representa la posición exacta de las constelaciones sobre el cielo de México el día en el que se produjo el descubrimiento de la imagen. Además, la tilma permanece siempre a una temperatura constante de 36.6 grados, temperatura similar a la del cuerpo humano.
No hay consenso científico
La naturaleza milagrosa de la imagen de la Virgen de Guadalupe divide al mundo. No hay consenso sobre su autenticidad en la comunidad científica, aunque sí es admitida como veraz dentro de la comunidad cristiana. En todo caso se trata de una pieza de un extraordinario valor simbólico que todavía hoy sigue generando controversia.
Posibles explicaciones
Los críticos defienden que la tilma pudo ser pintada por un artista mestizo del S.XVI con técnicas revolucionaras, con una habilidad magistral y unos trazos tan finos que permanecieron indetectables para el ojo humano. La perdurabilidad de la tela podría deberse a los numerosos tratamientos y restauraciones que ha sufrido la tela a lo largo del tiempo, mientras que las figuras de los ojos podrían deberse a simples pareidolias, o efectos ópticos subjetivos. Se defiende, sobre todo, que los análisis han sido escasos y en ningún momento lo suficientemente rigurosos.
Lo que la ciencia no puede explicar
Análisis científicos por infrarrojos demostraron que no hay imprimación. Sin ella la imagen debería haberse cuarteado y desaparecido en muy poco tiempo. Es extremadamente complicado realizar detalles finos sobre una red de hilos tan gruesa sin que el color se pierda entre los tejidos. Tampoco hay pinceladas, ni dirección del trazo, ni capas de color. No hay color ni pigmentos. La que debería haber sido una rápida descomposición del tejido (que siga intacto 500 años después) es otro de los aspectos que no puede ser explicado, ni incluyendo en la ecuación las técnicas de conservación existentes en la época.